Decías mucho con la forma suave de tu tacto en un día común, de lluvia o mucho sol,
de muy mal o muy buen humor,
habiendo discutido o estando en paz;
tu tacto seguía siendo suave, suave tu voz.
Tu amor no dejaba de ser,
y cuando no quiso ser, no fue;
pero cuando fue, fácil también fue sentirlo
y es quizás por ti que sé que el amor, cuando es intermitente,
no es.